13/08/2017 Clarín - Nota - Sup. Especial - Pag. 6

Producir respetando la naturaleza

El tiempo pasa, la sabiduría queda" podría ser uno de los lemas que se aplica en el instituto Salesiano Agrotécnico Pascual Gentilini de San José. Misiones. En pleno siglo XI esta comunidad decidió encarar un proyecto que busca cultivar frutas y verduras prescindiendo del uso de fertilizantes y químicos, y rescatando los métodos ancestrales que emplearon los padres jesuítas y el pueblo guaraní, allá por el 1700. El hermano Agustín Borzi, a cargo de la idea, contó: "queremos llevar a cabo las plantaciones exactamente de la misma manera que lo hicieron hace 400 años, sin usar químicos, con riego natural, conservando humedad a través de la arborización.
Borzi con sus alumnos, además, protegen un yerbal que tiene más de 100 años mientras cultivan zapallo, mandioca, maíz y otros vegetales que se sembraban en Tas reducciones. Una parte de la huerta está destinada a la plantación de hierbas aromáticas y medicinales y otra a plantas autóctonas, pero todo dentro de la metodología de ellos. Buscamos la recuperación del suelo, pero también de la historia cultural de los jesuítas", dijo Borzi, que también lleva adelante una huerta tradicional.
El pasado vuelve En tiempos de la colonia, en el lugar donde está el Instituto Salesiano existían dos yerbatales.
Allí, misioneros y aborígenes hacían experimentos con las plantas para volverlas más productivas, realizaban trasplantes e intentaban mejorar las distintas especies vegetales.
Con sus métodos y técnica llegaron a tener rendimientos que aún hoy parecen increíbles.
Basta un ejemplo, en San Carlos {reducción en Corrientes) el "tupambaé" o también "chacarería del pueblo" contaba con dos cañaverales grandes, tres trigales, un cebadal, dos arrozales, 12.000 plantas de algodón cultivadas en seis lugares diferentes y cuatro yerbales con casi 14.000 plantas. Inspirado en esa historia, el proyecto actual busca trabajar la tierra con la misma premisa: respetar valorar la naturaleza. Aunque pasaron los siglos y la tecnología hoy revoluciona y cambia todo, en Gentilini, el espíritu de aquellos que lograron producir de un modo organizado pero respetando el entorno sigue vigente. Los alumnos reciben una educación que rescata esas técnica ancestrales y valora su rica historia porque como escribió un cacique cuando los jesuítas fueron expulsados: "Queremos vivir como ellos nos enseñaron, donde todos nosotros atendemos a lo de todos y no donde cada uno atiende lo suyo".


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